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miércoles, 20 de abril de 2011

Pulir y encerar Joako san


En un interesante coincidir de coincidentes coincidencias me vine a encontrar con Paco Fragoso, carpintero artesano Tlaxcalteca, aprendió el oficio por herencia, desde su abuelo las ramas que le continúan en el árbol genealógico se han dedicado a machacar otros arbolitos para hacerlos objetos de uso y servicio de la gente.

Un personaje difícil de describir, claramente apasionado por su oficio, de ninguna manera común en su forma de ser, que bien puede estar un momento explicándome los momentos que ocurren en un pedazo de madera con el uso corriente sin mas teoría que la que ha venido de la experiencia y la autoenseñanza y al siguiente cantando con todo el sentimiento canciones de el cuate que no recuerdo su nombre pero canta en alguna de sus canciones que su taxi era un Volkswagen del 73.

Éste púes es mi mentor, mi nuevo maestro, sensei, mi nuevo Miyagi, con una manera de enseñar “no líneal” según sus propias palabras, será interesante ver que rumbo toman las próximas coincidencias a coincidir, ya que, aunque el plan va tomando cada vez mas forma, me encuentro sentado, escribiendo a nueve dedos porque uno esta astillado preguntándome: ¿será que por fin agarré camino, o será qué si soy tan pendejo como don Paco me lo hace notar cada trabajo pobremente realizado según sus estándares de calidad?


A 1 año 11 meses y un día del dead line, tengan la bondad de ser felices se despide Joako Vázquez.

martes, 12 de abril de 2011

WTF

Carajillo, carajillo, sentíame ya viejo cuando tuve que empezar a buscar en google cada nueva abreviatura que alguien publicaba en Internet, el asunto empeoró cuando comencé a usar twitter (cosa que a la fecha no domino ni tantito).

Vamos ahora con unas cuantas abreviaturas mas qué nada tienen que ver con el follow friday, ni el what the fuck?!


REDD es la abreviatura para la reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal, cuando menos eso creo haber entendido.

La página de estos muchachones esta re interesante, explicando desde los conceptos básicos del calentamiento global, informando las actualidades de los temas relacionados y dando a conocer cantidad de proyectos interesantes como las reuniones del CTC que es el Comité Técnico Consultivo, o el MFC que es el Manejo Forestal Comunitario, un modelo organizativo y técnico que revalora a las comunidades dueñas de los bosques y selvas fomentando procesos mas sustentables, sostenibles y congruentes con las necesidades objetivas del país y el mundo.

La crónica: Conociendo a un Nobel.

Tal vez como 3 personas van a leer ésto, pero de verdad que vale la pena, el texto es de Felipe Bohorquez, copio completa la crónica


Cuando me enteré que iba a venir a dar una conferencia a la universidad un Premio Nobel de la Paz, me entró la emoción de conocer a “alguien importante.” Claro que eso fue un mes antes del evento y al pasar de los días, se me fue quitando la emoción. Ya entrada esta semana pensé en no ir y no hubiera ido, pero tuve una junta de huevísima. La junta era sobre cómo proteger la integridad física, moral e intelectual de nuestros estudiantes, por medio del simple bloqueo y codificación de aquellos archivos que contengan sus datos de vital importancia, como su calificación en un examen, su correo electrónico (que en realidad es público y puede adquirirse casi sin esfuerzo) o las horas a las que va al baño (reporte que al parecer sólo llevo yo, ya que nadie más se ha dado el tiempo de acosar sistemática y exhaustivamente a 50 estudiantes universitarios). Total que esa infructífera junta, donde nos hablaron de la importancia de la seguridad durante una hora, pero no nos explicaron ni siquiera cómo tener archivos de seguridad en Word (que sería algo así como ir a hablarle a un grupo de gorditos sobre la importancia de tener una dieta balanceada, pero no decirles siquiera el nombre de una verdura), se prolongó hasta la hora de la comida. Saliendito el grupo de español decidió que era hora de una sana convivencia y se lanzó a un restaurante tailandés, donde nos metimos un atascón de arroz y pollo con curry. Regresando me puse a leer y a chatear y me dieron las siete de la noche y decidí que podía ser buena idea ver quién era ese tal Adolfo Pérez Esquivel. En resumidas cuentas él es un escultor, arquitecto, docente y activista apegado a la doctrina de la no-violencia, que durante la dictadura militar de los años 70’s en Argentina estuvo primero en contra de ella, luego “desaparecido” y después de unos buenos meses de tortura estuvo oficialmente preso. Para 1978 ganó un extraño premio de la UNESCO, algo así como “el preso político del año,” se juntaron firmas, fue liberado y dos años después ganó el tan alabado Premio Nobel de la Paz. Las dictaduras es algo que a mí me llama la atención y ya encarrerado el ratón decidí asomarme a ver que sucedía.


Fui esperando un testimonio, un documento histórico, un hombre ya mayor que nos haría revivir un momento de terrible represión, de violencia inconmensurable; fui en busca de la batalla épica entre el bien y el mal; fui a ver un especial del Discovery Channel; fui en busca de un comentario esperanzador sobre los que vencieron en el pasado, pero sobre todo, fui con ganas de escuchar las anécdotas de un capítulo cerrado. De paso también esperaba ver a un buen auditorio, la gran masa de catedráticos universitarios y un buen grupo de estudiantes de humanidades, de esos que abundan en los pasillos y que andan con sus morralitos “Made in India, Mexico or Marocco,” a los que les bordan sus parches de paz y amor y rayan abajo el consumismo en sus Blackberries. Esa fue la primera expectativa en desinflarse. Me vine a encontrar menos gente de la esperada. Esa gente era en realidad un grupo heterogéneo de hombres y mujeres, cuyas edades rondaban los 8 a los 70 años, cuyos atuendos presumían diferentes sueldos y diferentes ocupaciones, siendo realmente pocos los que portaban pinta de estudiantes universitarios. Había eso sí un grupo entero de una escuela católica (que más tarde cantaría una cancioncita), varios miembros de una organización llamada “PeaceJam” (que resultó ser la verdadera organizadora del evento), un grupos de ancianitos edad geriátrico y varios hippies-comeflores de distintas generaciones. Total que hubo show de por medio, hablaron unos, cantaron otros y al final de todo eso llegó al estrado un señor ya gastado, de mirada apacible y sonrisa alegre –sonrisa que de entrada no se espera de alguien que de seguro más de una vez sufrió una buena tanda de electroshocks en su uyuyuy.


Adolfo Pérez Esquivel habló de muchas cosas. Habló lento y claro. Lo lento de seguro fue por la edad, lo claro fue por la seguridad y confianza que tiene en lo que dice. Aparte de hablar lento habló en español, lo que hizo inevitable que un profe del Departamento de Spanish se aventara una traducción simultánea digna de translator de la ONU. Pero antes de hablar él, nos hizo hablar con nuestros vecinos de silla, así conocí a una amigable señora filipina de unos 50 años, a dos niñas de primaria y a un mexicano y una española –aunque a ellos, para qué miento, ya los conocía bastante. Una vez acabado el ejercicio comenzó por soltarnos una pregunta fundamental: ¿cómo queremos cambiar al mundo si no sabemos quién lo habita? Estamos tan centrados en nosotros mismos que desconocemos las necesidades de los otros, sus historias y hasta su simple presencia. A partir de ahí habló de pan, libertad y capacidad de amar y surgieron los primeros incómodos –unos cuantos que venían con ganas de oír a un rojillo de izquierdas y que se toparon con un hombre de fe. Luego habló de vivir. Habló de vivir en libertad, libertad que sólo se alcanza siendo coherente entre el decir y el hacer. Habló de ser coherentes con nuestro entorno, de dejar de creernos superiores y de entender nuestra condición como seres vivos en un sistema ecológico complejo. “El pez no ve el agua porque vive en ella”, así quiso explicarnos la dificultad de adquirir esa conciencia y la necesidad de llegar a ella. No tenemos respeto por nuestra tierra, no se nos educa para eso. En los países desarrollados y en aquellos países que estamos ansiosos por copiar todos sus modelos económicos se educa para la máxima ganancia al costo más bajo, para el monocultivo y el abuso de la tierra, ya no hay tiempo de compartir el milagro de la semilla en esa gran panza que da vida, ya no hay nadie que quiera agradecerle su cariño a la Pacha Mama. Cuando dijo eso, se incomodaron otros –unos cuantos que venían a escuchar a un Nobel educado en occidente y se vinieron a topar con un huérfano criado por su abuela, que era una indígena guaraní. Tampoco se nos educa para ser críticos, mucho menos para ser creativos. Como instituciones y docentes podemos educar muy buenos profesionales, pero “con mente de esclavos” -dijo. Y aquellas mentes críticas –dijo él- que a veces surgen, se quedan dándole vueltas a la angustia, cuando lo que realmente debería de movernos es la resistencia e indignación frente a las injusticias. Pero tampoco pidió esfuerzos inhumanos, aceptó que nadie puede dar lo que no tiene y primero, y antes que enfrentarnos a guerras y empresas multinacionales, cada quién debe de encontrar paz interior. Construir la paz al interior de nosotros mismos, construir la paz al interior de nuestra comunidad, hasta construir la paz en nuestros actos políticos. Resumiendo: Adolfo Pérez Esquivel desde el principio habló de muchas cosas y esas fueron algunas de ellas.


Pérez Esquivel habló lento y claro. Y a pesar de su sonrisa de viejito bondadoso incómodo a más de uno. Y es que a nadie le gustan los lugares comunes, ya los tenemos demasiado masticados. A las palabras justica, nosotros, amor, derechos humanos, paz les tenemos un rostro y una actitud que no daña, pero tampoco convence. Pero cuando realmente puso en jaque a varios fue cuando llegó la hora del tema que nos concernía de verdad. La conferencia por algo se titulaba “La Gran Revolución es la paz.” Todo empezó con una reflexión simple sobre lo que significa ser un Nobel de la Paz y para él ser un Nobel de la Paz no es mucho. "No somos Superman, ni Mickey Mouse," no aspiraban a ser grandes modelos a seguir. Dijo que ganarse el premio no cambiaba nada, porque “lo que hacíamos ya lo estábamos haciendo desde antes.” Luego puso a prueba a su audiencia, preguntándoles quién había sido el ganador del premio en el 2009, muchas caras de duda y algunos dedos haciendo cuentas hacia atrás, pero respondió el mismo lo que ya muchos sabían: Barack Obama. Y ahí empezaron los madrazos. Lo primero que dijo fue que le sorprendía que le hubieran dado el premio, que no había hecho nada para ganárselo. La audiencia que había aplaudido a diestra y siniestra poco antes se comenzó a dividir un poco, pero los que aplaudieron aplaudieron con mayor fuerza que antes, opacanado a los inconformes. Dijo que por lo mismo le escribió una carta, donde lo invitaba a aceptar el compromiso de merecerse ese premio, la gente volvió a aplaudir con más fuerza. Poco después dijo que hasta la fecha no sólo no lo había cumplido, sino que ahora está enfrascado en una nueva guerra. Ahí al gente comenzó a aplaudir con más cautela, como si alguien en el fondo estuviera dando varazos a los que se pasaran de entusiastas. Iraq y Afganistán siguen ocupados y ahora, en este mes, Estados Unidos y la OTAN ha comenzado a bombardear a Libia. Bombardear para mantener la paz. ¿Cuál es el sentido de la palabra paz, si se tiene que establecer con violencia? Entonces habló de nuevo de libertad y del primer paso que se tiene que dar para alcanzarla: reconocer que somos personas. Reconocer que somos personas en una sociedad donde los valores más importantes, los valores a los que deberíamos aspirar son la verdadera democracia y el cumplimiento y protección de los derechos fundamentales del ser humano. Habló también de la ONU, de un grupo encargado de generar paz entre los estados, pero que fue formado por unos cuántos países poderosos (él se sabía el número, yo ya no lo recuerdo). Habló de una ONU que no es de las personas, sino de los mismos poderosos. Sobre el poder y la libertad concluyó que “el mejor poder es no tenerlo” y que la libertad sólo se consigue fuera de los círculos de poder. Por eso Obama no es libre. Esa fue la última estocada y la gente ya no aplaudió. Los asistentes, obsesionados con el concepto de libertad (que se los hacen tragar hasta en sus papas fritas), se sentían abrumados por la idea de que su presidente último modelo fuera uno más del montón de presidentes que responden a los intereses de las grandes corporaciones armamentistas, petroleras, entre chingos de otras.


El viejito resultó no estar atado a una historia de opresión con H mayúscula, una historia clausurada en los libros. Sabía, y mucho, sobre la actualidad política, sobre estadísticas, sobre trabajo de campo, sobre sufrimiento ajeno. Sabía algo que sabemos todos, pero que ya nos han dicho tantas veces que nos tiene hasta la madre o que en su defecto nos viene a valer madre: nos tienen amarrados los medios de comunicación y las nuevas tecnologías. Los medios y las tecnologías han acortado las brechas de información, pero han acortado también el nivel de impacto que los acciones provocan en la historia de la sociedad. La velocidad para recibir información es equivalente a la velocidad para olvidarla. La velocidad como arma de dos filos, que nos vuelve seres impacientes y distraídos, tan distraídos que nos cuesta luego identificar quiénes somos y cuáles son las implicaciones de ser quienes somos. Pidió entonces volver a una de sus primeras ideas, la idea del reconocimiento interior, de establecer un conocimiento de uno mismo y de sus relaciones próximas. Reencontrarnos a nosotros mismos, porque si no corremos el peligro de ser para siempre seres solitarios: seres solos entre la multitud.


Ahí acabó todo, unos pocos ya se habían ido, la gran mayoría comenzó a salir y unos cuántos fuimos a aperrarnos a su alrededor, sin hacerle caso a su idea de que ser un Nobel de la Paz no es ser un rockstar. Así vino la foto, el apretón de manos y el autógrafo. Y vámonos a otra cosa mariposa.


Epílogo


Pero ahí no puede acabar todo. En resumidas cuentas tengo dos reflexiones que ya no alargaré en este mail, porque sé que me la he mamado con la extensión y sé también que si se han tomado la molestia de llegar hasta este punto, es porque les ha interesado el tema o me quieren un chingo. De cualquier modo se los agradezco y no quiero que esto caiga en saco roto. Las dos reflexiones con las que me quedo son que 1) lo principal es tratar de entender esta masa de ideas, deseos y preocupaciones que somos como seres humanos y que esa exploración se da -y al menos para mí empezó- en el arte. Escuchar música, leer y ver películas y luego sus contrapartes de escribir, tocar y seguir viendo películas -orque eso de las artes visuales no ha sido un terreno explorado por mi persona- todas esas cosas han sido modos de explorar con detenimiento lo que soy. La otra idea es que ante la oleada de violencia que hay en nuestro país no podemos quedarnos a gusto en nuestras pedas y nuestros proyectos personales. Por supuesto, no les pido que dejemos todas nuestras pertenencias personales y sigamos las enseñazas de Jebús. Lo que esperaría es que seamos más responsables de nuestras acciones y sus implicaciones, que no guardemos silencio, ni ignoremos lo que ocurre a nuestro alrededor. Hagamos un esfuerzo por informarnos, tratemos de entender y entendernos y no nos quedemos en el silencio. Hay que recordar que los hijos de puta se aprovechan de la pasividad ajena.

lunes, 11 de abril de 2011

Madera Certificada en México: perspectivas y posibilidades

Me faltó elaborar mas en el post anterior, a mi siempre me ha encantado el diseño.... cuando menos siempre me la paso bien viéndolo.

Así fue que decidí entrar a estudiar arquitectura, eso no salió muy bien y probé diseño de interiores sin mejores resultados.

Zzá es el nombre del nuevo proyecto, significa madera en otomí y consiste en lograr un negocio de diseño y venta de muebles, sustentable, ecológico, congruente con mi forma de pensar las cosas, o en palabras de un amigo hipster a más no poder en el mejor sentido de la palabra.




Comienza

Hace un par de días mi padre hizo el favor de recordarme un acuerdo que tenemos. Tengo hasta los 25 años para hacerme independiente.

Si me hubiera dicho ésto a los 16 me hubiera ofendido, ¿cómo es posible que mi propio padre me crea tan inútil? ¿de verdad no me cree capaz de salirme antes de la casa?....

Hoy tengo 23 años recién cumpliditos, a menos de 2 años de "El día" me encuentro terriblemente apanicado, con una sola certeza, hoy comienza una nueva etapa, una etapa de transición que he venido postergando hasta lo imposible.

Ésta pues será la crónica del camino.

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